El onanismo de la impotencia

Flannery O’Connor, esa maravillosa escritora del sur, tiene un cuento excelente en el que el protagonista intenta defender, ante las inminentes elecciones locales, su postura política frente a su barbero y algunos de los parroquianos, partidarios acérrimos de la discriminación de los negros, que ya lo han ridiculizado en un par de ocasiones. Prepara una argumentación convincente, aguarda el momento adecuado para contraatacar durante la visita semanal a la barbería y cuando al fin lo encuentra, apenas logra balbucear todas esas palabras que antes le habían parecido tan razonables y ahora descarrilaban entre la seguridad aplastante, el escepticismo y la condescendencia de su pequeña audiencia, de la que acaba huyendo enfurecido. Un amigo ya le había advertido: “Yo nunca discuto”.

Hoy me siento así, como me ocurre tantas veces, y me vienen a la memoria las palabras del personaje de Flanney O’Connor. Entonces me pregunto: ¿vale la pena el diálogo, la discusión, cuando nadie nunca escucha, cuando ya cuanto digas ha sido prejuzgado, cuando la sordera de tu interlocutor se erige como una valla tras la que proteger la seguridad de su visión del mundo, irreductible, unívoca, suficiente? ¿Vale la pena todo el silencio que nos devora?

Mi respuesta es que no. Nací para amar la voz de los hombres antes que la música, y nada me place más que equivocarme, escuchar y aprender para equivocarme de mil nuevas, extraordinarias y sutiles maneras. A ese caos en el que los razonamientos se entretejen infinitamente lo llamo el juego que me da la vidα. Su representación podría ser la del océano. Opuesto está el juego de la muerte, el monólogo sin tregua, el dogma que no se sorprende ante su miseria de anuncio luminoso, orgiásticamente pleno. Su imagen la de una isla de Pascua cuyos Moais están vueltos de espaldas al mar.

¿Aprenderemos a escuchar o entonaremos al unísono con el personaje de Flannery O’Connor un eterno “yo no discuto”?

Supongo que dependerá de nuestras fuerzas.

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One Response to El onanismo de la impotencia

  1. Bea dice:

    Me ha encantado tu reflexión. Muchas gracias.

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