Una historia de amor y oscuridad

Me ha costado más de dos meses redactar esta reseña. Lo intenté de muchas y diversas maneras, pero no lo lograba; la biografía de la infancia y juventud del escritor israelí Amos Oz me había dejado sin aliento, catatónico, hundido. Para cualquier lector occidental su lectura puede resultar más o menos interesante; puede causarle una mayor o menor impresión. Para mí, que jamás he pisado Israel ni he recorrido las calles de Jerusalem, ni soy judío ni practico ninguna de las religiones del libro, ha constituido, paradójicamente, una experiencia traumática, felicísima en tantos momentos y tristísima en otros. He seguido los primeros años del niño por el barrio de Rehavia; he revisitado con él el piso mínimo, atiborrado de libros hasta el techo, donde vivió con sus padres hasta el suicidio de la madre; he hurgado con él en las raíces de su familia -cuando los judíos eran los últimos auténticos europeos y nosotros no les dejamos otra salida que caer en brazos del sionismo-; les he acompañado en su llegada a la Eretz Israel, la tierra de Israel, un páramo yermo alejado de la gran vida social e intelectual de las populosas ciudades de Europa Oriental; me he dejado fascinar por las mil sensaciones de una Jerusalem diaspórica, abigarrada, multiforme; he sufrido con la familia la guerra de independencia, cuando en ambos bandos se cometieron los más salvajes excesos y los cañones tronaban día y noche sobre sus casas; he vivido la súbita conversión del niño en hombre, cuando lo inexplicable dicta que tu madre te abandona porque la vida ha podido con ella, sensible, educada en Praga, abocada a una vida pequeñoburguesa en un mundo que no era el suyo sino el de los mitos bíblicos; he contemplado, en fin, estupefacto y envidioso, preguntándome si yo hubiera sido capaz de algo similar, la huida del joven Amos a un kibbutz donde pasaría buena parte del resto de su vida, tratando de olvidar a padres, tíos, abuelos, amigos, maestros, un futuro universitario -que después llegaría por otros cauces- y una vida entre libros -que tampoco habrían, en cualquier caso, de abandonarle-. Todos estos hechos de una vida que no es la mía los he vivido como si de propios se tratasen. Un escalofrío me recorría el cuerpo: el de un recuerdo que no puedo albergar pero cuya presencia, sin embargo, no siento ya como posible sino como imprescindible, conditio sine qua non, el poso en mi café.

Pensamiento osado: ¿quién fui cuando no fui?

No se pierdan esta obra maravillosa en cualquier caso.

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One Response to Una historia de amor y oscuridad

  1. M dice:

    Cierto, buenísimo. Este post llega supertarde pero es que es cierto, es buenísimo.

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