Sorpresa

abril 2, 2007

¡¡¡ME HAN PRESELECCIONADO

PARA LA UNIVERSIDAD MATEJ BEL

DE BANSKÁ BYSTRICA,

EN ESLOVAQUIA!!!

 

banska-torres.jpg

 

P.D. Entre los kilos de documentos que me piden, uno es el de conocimiento de la lengua de comunicación, que obviamente es el inglés y no tengo. ¿Qué pasará? Es el único motivo por el que me puedo quedar sin la plaza.  ¡Qué idiota! ¡Qué nervios! No creo que tenga competidores por la plaza, aunque quién sabe. ¿Les importará? ¿Me privarán de mi sueño?


Des (a ) lumbramientos

marzo 21, 2007

Digamos, simplificando mucho, que en física de sistemas complejos un atractor es el mecanismo por el que podemos encontrar orden en el caos y no cualquier cosa imprevisible.

Después de mi pequeña decepción de ayer -aunque parece que no todo está perdido: este año la preselección va más lenta que de costumbre- y como en mí la depresión es algo que no tiene consistencia plena, he encontrado nuevos ánimos -subidón de adrenalina- mientras leía en la asignatura de Teorías de adquisición de lenguas extranjeras sobre la corriente innatista que inició, por contraposición al conductismo, Noam Chomsky en los años 50.

El innatismo dice que no aprendemos nuestra lengua materna por medio del hábito (estímulo-respuesta-refuerzo), como si fuésemos cobayas, sino que disponemos de un mecanismo “innato” o DAL (Dispositivo de Adquisición del Lenguaje) que transforma todo input (lo que recibimos como estímulo externo, en este caso en forma lingüística) en un sistema gramatical coherente tanto con la Gramática Universal como con la Particular. Somos como un ordenador al que se le pudiese instalar cualquier sistema operativo siempre que este hubiese sido programado conforme a la arquitectura de la máquina.

En alguno de los pasos de esta teoría mi alarma ha vuelto a saltar. No sé si saben que en mi cabeza hay una alarma que se dispara cargada de excitación cuando encuentro lo que creo que son piezas de un puzle que encaja con algo que subconscientemente sé -porque lo reconozco- pero que no entiendo. Funcionan como dejà vus y en general me muestro demasiado perezoso para perseguirlos.

El caso es que mi mente ha realizado de nuevo la extraña conexión entre los atractores en física y ciertos hechos de la lingüística. La última vez que lo hizo fue al acercarme al estudio de la pragmática en una asignatura anterior del máster del universo, y la conexión en ambos casos, sin una investigación ulterior que, como la novela que nunca escribiré, no voy a desarrollar, se reduce a que ciertos fenómenos -las lenguas o las relaciones sociales- y otros epifenómenos asociados a ellos funcionarían como atractores para nuestro cerebro, de manera que podría explicarse por qué el ser humano es capaz de abordar estos sistemas realmente complejos, tanto que la ciencia es incapaz de dar cuenta de ellos en detalle, con increíble facilidad.

Se trata, al fin y al cabo, del viejo dilema de por qué comprendemos tantas cosas cuando podemos explicar tan pocas